Como en cualquier tema de debate, en torno a la tecnología y la comunicación existen los que, utilizando con un cuasi libertinaje los términos de Umberto Eco, podríamos llamar apocalípticos, los que ponen el foco en los aspectos negativos de estas formas de comunicación modernas, y los integrados, aquellos que se adaptan a los cambios y buscan sacar el máximo provecho de estas nuevas posibilidades.
Entre los argumentos esgrimidos por el primer grupo, y que los integrantes del segundo deben al menos considerar, está el hecho de que estas nuevas tecnologías puestas en función de la comunicación hacen que se pierdan los matices de las conversaciones directas o cara a cara.
Y esto sin duda influye en el mundo de los negocios, donde ejecutivos de cualquier parte del mundo se apoyan en el correo electrónico a la hora de hacer tratos, en lugar de poder extender la mano y ver a los ojos a la contraparte de la transacción.
Menos correos electrónicos
Lord Rees-Mogg, ex editor del diario londinense Times, explica que muchas personas se están haciendo adictas al correo electrónico y a las redes sociales: “Veo que a menudo los correos electrónicos se envían sin consideración, son más toscos que otros medios de comunicación, por lo que los considero inferiores”.
Y esta idea es compartida por muchos grandes ejecutivos y empresas alrededor del mundo, como es el caso de la firma tecnológica Atos, que ha tomado la decisión de eliminar el uso del correo electrónico como herramienta de comunicación interna. El socio directivo de la firma en Reino Unido, Rob Price, señala que “el correo electrónico se ha transformado en una forma sencilla de comunicación, pero también en una muy perezosa”.
Otra compañía que tomó cartas en el asunto es Volkswagen, firma que estableció en sus sistemas internos que Blackberry deberá imposibilitar el envío de correos electrónicos a sus empleados 30 minutos después de concluida la jornada laboral. A pesar de estas medidas, la clave está en analizar en profundidad la forma en que utilizamos las tecnologías de comunicación y sacar máximo provecho de ellas.
Una reflexión necesaria
Por su parte, la Dra. Mónica Bulger, miembro del Instituto de Internet de Oxford, en el Reino Unido, piensa que el uso de estas tecnologías nos ha hecho más inteligentes y no duda en afirmar que la comunicación directa, o cara a cara, tiene sus riesgos. En este sentido valora el tiempo y la posibilidad de reflexión que permite el correo electrónico, a diferencia de la comunicación directa, en la que se pueden decir cosas que no deben decirse.
Lo cierto es que a pesar de que en la actualidad muchos de nosotros nos vemos abrumados por la cantidad de correos electrónicos, sms y mensajes de redes sociales que nos llegan diariamente, también es una realidad que es difícil imaginar la realización de ciertas tareas sin este tipo de herramientas.
Muchos podrán centrar su análisis en una pregunta comparativa del tipo: “¿Hace 30 ó 40 años nos comunicábamos mejor?”, cuando los especialistas ponen el énfasis en buscar las mejores maneras de aprovechar las tecnologías existentes, que sin duda llegaron para quedarse y seguir evolucionando.




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